domingo, 9 de noviembre de 2008

La trigésimo primera edición del Festival de Teatro de Badajoz

Soy teatrófila. Y desde que deambulo por estas tierras no he faltado ni un solo año a este festival, a una o varias de las obras que por él desfilan. Y este año no iba a ser una excepción. Aunque me he perdido el ingenio de Els Joglars (que no me perdí el año pasado) lo he intentado compensar con dos obras: La señorita Julia y Boris Godunov.
De la primera debo confesar que me esperaba otra cosa y de la segunda, que no me esperaba nada. Sorprendente desde el primer momento, La Fura dels Baus (todo talento) juega con el miedo. Recreando hechos reales, asusta, intimida, agobia; todo el público acaba entrando en esa provocación, en ese sentimiento de terror, en esa angustia; pensando "Esto fue real", parece real, te atrapan... Maravilloso el final.
Encantada de haber elegido esas dos representaciones. Remitiéndome a unas cuantas entradas más abajo, una de las experiencias que tengo que vivir, al menos una vez en la vida, es la de ir a TODAS las obras de una de las ediciones del Festival; sacarme el abono y disfrutar. Y como dice Miguel Murillo Gómez, director del Consorcio Teatro López de Ayala: "El Festival pervive porque tiene público". Público que llenó esos días el patio de butacas completo, dispuestos a vivir el teatro.

sábado, 25 de octubre de 2008

Clase turista - Clase preferente

Da tiempo a hacer de todo durante un viaje: a dormir, a leer, a comer, a conectarse el mp3 hasta darse cuenta de que la música que has cargado ya te aburre y la cambiarás en cuanto puedas, a echarse una siestecita, a establecer un pseudodiálogo con las señoras mayores que se sientan a tu lado, a pelearte con los demás porque tu maleta no cabe en ninguna parte y pesa tanto que no puedes subirla al cristal de seguridad y además estás convencida de que el cristal se rompería si pudieras subirla pero todos te insultan porque tu maleta está ocupando un sitio para una persona y cuando por fin le encuentras sitio el que te insultó va y se sienta en el suelo entre vagones, a conocer gente nueva...

Se había acabado el puente del Pilar, y, como sabían que regresarían juntos, JC estuvo atento para encontrar a Mini en el andén de Ciudad Real y recorrer el camino con alguien, ya, conocido. Porque un viaje largo se hace mejor en compañía, el tiempo se pasa más rápido, se comenta un poco de todo... Se habían conocido hacía un año, en otro puente, de regreso al lugar de estudio. En aquella época se produjo una huelga de autobuses y el tren iba a reventar, pensaron que era debido a esa huelga. En otros viajes en que coincidieron, se dieron cuenta de que el tren se petaba con o sin huelga.
La conversación había tocado todos los temas, hasta que, cuando se aproximaba la parada en la JC se habría de bajar, Mini le contó cómo fue su viaje de ida.
-¿Sabes? Cuando me fui el viernes a casa, como tuve que coger el tren de los transbordos, cuando llegué a Puertollano cogí una lanzadera, y supongo que el tren iba lleno, porque pagué billete de clase turista y me metieron en clase preferente - dijo Mini.
JC la miraba y escuchaba.
-Si vieras cómo es la clase preferente... - siguió ella -. El vagón tiene el suelo de parquet, una fila de asientos individual, donde me pusieron a mí, y otra de asientos dobles. Y el asiento tiene un cojín en la cabeza, para que vayas cómoda.
-¡Cojín y todo!- se asombró JC.
- Vaya, está súper bien. Lo malo es que de Puertollano a Ciudad Real casi no me da tiempo a disfrutarlo. Es subirse y ya tener que bajarse. ¿Y sabes cuál es la diferencia entre la clase turista y la preferente, aparte del suelo y eso? Que los asientos en clase turista son azules, y los de preferente son verdes - aclaró Mini.
JC ya se había levantado para bajarse. La miró divertido y sonriendo.
-Supongo que el color verde es un color de más... - empezó a decir Mini.
-El verde es el color de los billetes de 100 euros - la interrumpió JC.
Mini se echó a reír.
-¡Es cierto! No se me había ocurrido pensarlo así... Iba a decir que el verde era un color de más... prestigio.
Empezaron a reírse.
- El azul es el color de los billetes de 20 euros, y el verde, el de los de 100. De ahí la diferencia entre clase turista y preferente. Además, si hay un accidente, el verde se ve antes que el azul, por lo que los primeros en ser rescatados serían los amillonaos - explicó JC.
No podían parar de reír.
- Jamás lo había pensado así, ¡pero tienes toda la razón! - Mini estaba totalmente de acuerdo.
- Pues eso - remató JC.
Llegaron a la estación donde JC se bajaba y se despidieron. Mini siguió riéndose un buen rato.

Tan simple como eso. Clase de 20 euros - Clase de 100 euros. Viva el AVE.

martes, 21 de octubre de 2008

La puerta, la magnífica idea de la puerta

La verdad es que iba a escribir sobre otro tema, pero quiero darle un enfoque distinto y aún estoy perfilando la idea en mi cabeza, ahora que cuento con la autorización de la otra persona implicada en ese tema. Pero lo de esta mañana al ir a la facultad necesita, no,no, qué digo, SE MERECE un puesto de honor y ser relatado ahora mismo. Aunque la otra idea no se hará esperar.
De las cosas más raras que he visto en mi vida... bueno, raras, no, son cosas a las que no estoy acostumbrada, así que, de ahora en adelante, serán cosas poco vistas. Reformulo: de las cosas más poco vistas que he visto en mi vida me ha llamado la atención la fantástica idea de alguna mente superior de vallar el recinto que rodea a la facultad de Medicina. La cosa poco vista tiene su lógica: la idea original consistía en delimitar el área de aparcamiento de la facultad con el fin de que fuera casi exclusivamente para alumnos/as y profesorado (supongo) y que los asistentes al hospital no lo aprovecharan, evitando así problemas de aparcamiento. Puesta en práctica la idea ha consistido en establecer tres puertas metálicas para regular el paso de los coches, que se hace realidad mediante unas llaves magnéticas que se consiguen, por parte del alumno, abonando una fianza de 20 euros que será devuelta cuando termine el curso (supongo que te devuelven los 20 euros si devuelves la llave intacta y no la has perdido, porque si la devuelves en el estado en que yo tengo el bonobús, te van a devolver las gracias, pero supongo que la gente que tenga las llaves de acceso es más responsable y cuidadosa que yo). Bien. Hasta aquí parece bien. La idea de "delimitación del espacio de aparcamiento" se completa poniendo una valla metálica que une esas puertas de acceso a los coches, que cierra por completo el ya citado aparcamiento.
¿Y las personitas humanas, los/las alumnos/as que van andando, o en autobús, o en canoa, o en patines, o en piragua por el río, que carecen de coche y o u carné de conducir? Pues muy fácil. Han colocado UNA puerta en toda la valla. ¿Y cuál es el problema? Hasta hoy, ninguno. Pero después de hoy, tengo varios problemas con esa puerta.
La puerta está situada en una zona de la valla que comprende una zona de acera, y, por lo general, siempre está abierta. Menos hoy. La conserja nos ha pedido perdón y todo, y lo entiendo, yo a las ocho menos diez de la mañana tampoco soy persona (sólo empiezo a serlo a partir de las once y diez) y un fallo lo tiene cualquiera. Lo que me ha parecido curioso ha sido tener que esperar. Para entrar a clase. Durante la espera se me han ocurrido varias soluciones de película para entrar: he pedido una horquilla con el fin de abrir el candado y la puerta (como en las películas) y erigirme en la nueva salvadora de los estudiantes (como en las películas). También se me ha ocurrido saltar la valla (como en las películas). Pero he tenido poco éxito. Las soluciones peliculeras no funcionan ante esa puerta.
El segundo problema es que he perdido el autobús. Pues haber corrido, ¿no? Pues no. Porque ya no puedo correr en línea recta a por el autobús, porque si lo hago, me empotro contra la valla y acabo en el hospital (dramatización del efecto). Ahora tengo que ir en dirección oblicua, salir por la única puerta existente (insisto, sólo una, que, afortunadamente, estaba abierta), cruzar dos pasos de cebra y llegar a la parada. Y mientras hacía todo eso se fue el autobús. Y hay que esperar, con suerte, unos quince minutos, con mala suerte, media hora, y, en ese tiempo, llego antes andando.
Creo que las cosas más poco vistas del mundo se hallan aquí, en la facultad. Hasta ahora, no he visto ese sistema de vallado en ninguna otra facultad del mismo campus o de otro. Es curioso, simplemente, y cabreante, cuando sales a las dos o a las tres de la tarde buscando un autobús desesperadamente.
Y lo más importante: si después de las clases vuelves a la una del mediodía, tras las prácticas, y buscas aparcamiento... ¡no hay! ¡Seguimos teniendo el mismo problema!

viernes, 26 de septiembre de 2008

Automatrícula

Cuando tenía 14 años, me fui a Port Aventura, con mi prima, mi hermano y mis tíos. Mi tío tiene pánico a una simple noria de feria, y se ofreció como voluntario para guardar mochilas y demás enseres mientras los demás nos paséabamos de atracción en atracción por todo el parque. Mi tía, mi prima y mi hermano carecen de ese pánico a las alturas y a los giros, y me arrastraron literalmente hasta la famosa montaña rusa llamada Dragon Kahn, cuyo nombre (que ni siquiera sé si está bien escrito) ya impone. Desde pequeñita he tenido dos cosas: un corazoncito frágil y un instinto de supervivencia muy desarrollado, y, en aquel momento, ambas cosas me gritaron que no debía subir a aquella montaña rusa. Después de esperar en la cola casi una hora, llegó el momento en que nos tocaría subir a los cuatro, y mi instinto de supervivencia me hizo dar media vuelta con la clara intención de abandonar la cola y dejar las emociones fuertes para otros. Pero mi tía me sujetó por un brazo y me dijo:"¿Adónde vas?", a lo que mi instinto de supervivencia respondió con seguridad: "No voy a montar en ese chisme mortal". Mi tía se empezó a reír: "Venga ya, después de la cola que hemos soportado. Además, ÉSTA ES UNA EXPERIENCIA QUE TIENES QUE VIVIR, AL MENOS, UNA VEZ EN LA VIDA".
Y la viví, ya lo creo que la viví. Aún no encuentro explicación sobre cómo mi frágil coranzoncito superó aquella experiencia vital, aunque desde aquel día, cuando leo libros de terror o similares, comprendo a la perfección las expresiones "enmudeció, presa del pánico" y "se quedó lívida, presa del pánico". Jamás me he vuelto a reír de mi tío y de su incapacidad de subirse a una noria, al contrario, valoro su instinto de supervivencia, que es muy superior al mío. Cuando aquel trasto infernal se detuvo, y mis pies pisaron suelo firme, me tiré al mismo, empecé a gritar y lo besé. Mi prima y hermano se dieron otra vuelta en la montañita, a lo largo del día, pero yo no quise repetir; ya había vivido la experiencia una vez y no me han quedado ganas de repetirla.
Desde entonces hasta ahora (y ha pasado mucho tiempo) mi tía (y no sólo ella) me ha repetido esa frase en otras ocasiones. Y hace poco la pensé yo misma, cuando me enteré (yo nunca me entero de nada, y cuando me entero, generalmente, ya suele ser tarde para todo y para cualquier cosa) de que este año la matrícula en la facultad era realmente una automatrícula.
Los chismes electrónicos y nuevas tecnologías me odian, como ya dejé demostrado en anteriores posts, y mi hermano me ha prohibido acercarme a su ordenador salvo causa justificada, así que, cuando me fui a hacerla, fui concienciándome por el camino de que me saldría mal, mi ordenador se rompería, me cogería las asignaturas que no fueran y quedaría como una completa idiota (aunque ya he quedado así en varias ocasiones).
Afortunadamente, en el tren, coincidí con un amigo (curioso, sin saber que iba, elegí el mismo vagón; azar puro y duro) y se me pasó un poco la tontería. Como este año sería la novedad, seguro que nadie sabía tampoco automatricularse y yo no parecería tan tonta.
Cuando llegué por fin a la sala, el señor automatriculador (nombre inventado por mí misma, patente en curso) nos dijo que en el escritorio del ordenador había un icono que ponía "Automatrícula", que le diéramos y ya salía solo. Cierto es, salía solo, y afortunadamente me sé mi pinweb y demás datos de nombre extrañísimo de memoria, de tanto usarlos, supongo, pero cierto es, también, que tuve que recurrir al automatriculador varias veces, que no encontré las asignaturas de las que debía matricularme hasta que el automatriculador me las puso en pantalla, que estuve a punto de meter la pata en una ocasión cuando el automatriculador ya había dado las instrucciones (y juro y perjuro que estuve atenta a las mismas), y afortunadamente, creo que todo salió bien y que estoy automatriculada.
Ahora puedo permitirme dármelas de chula y decir que no fue taaaaaaaaaan difícil. Y que el año que viene sabré hacerlo yo solita. Pero mejor me callo. La automatrícula era una experiencia que tenía que vivir, y no será sólo una vez en la vida. Ah, y que este año el curso empiece antes que cualquier otro año también es una experiencia que tenía que vivir. Y las que me queden, al menos una vez en la vida.

jueves, 14 de agosto de 2008

Platónicamente enamorada de Edward Cullen, forever, forever, forever...

NO QUIERO AL PRÍNCIPE AZUL EN SU CORCEL BLANCO. QUIERO A EDWARD CULLEN EN SU VOLVO PLATEADO.
La frase no es mía, la leí en un foro dedicado a la fantástica saga de Stephenie Meyer. Pero es tan acertada... No he podido esperar a que el último libro, Breaking Dawn (en español, Amanecer), salga en español, y he acabado leyéndolo en inglés o traducido en algunas webs. Gracias a la fantástica web crepusculo-es.com, he encontrado un foro donde discutir sobre el libro. Y parece ser que a mucha gente no le ha gustado... pues a mí sí. Me encanta. Sólo hay un aspecto del libro que no me convence, pero por lo demás, me gusta. Y me ha vuelto a pasar: no puedo dejar de soñar con Edward Cullen.
Representante perfecto de la caballerosidad, adorablemente borde, irresistiblemente sexy, absolutamente encantador... Inalcanzable pero tiernamente humano, me encanta su evolución a lo largo de los cuatro libros y me parece el hombre perfecto. Lástima que la vida real sea distinta... Es, lamentablemente, un personaje de ficción, y además creado por una mente femenina, luego a ojos de toda fémina resulta muy atractivo. Y lástima que en la vida real no existan "Bellas", porque si eres torpe, inocente, tímida, reservada, callada... resultas de todo menos sexy, y en vez de encontrar a un Edward que te adore por ser como eres te encuentras a algún que otro desgraciado que se ríe (y hasta te enumera los mismos) de tus "defectos", que intenta a toda costa aprovecharse de ti y que, al contrario que Edward, que es respetuoso y paciente, sólo tiene un objetivo claro y bien delimitado que quiere conseguir sea como sea... Cada vez que me acuerdo me dan ganas de darme de hostias por ser tan estúpida y haberme dejado engañar de esa manera. Espero que no vuelva a pasarme. Voy a dedicarme a buscar a mi Edward Cullen personal... de momento voy buscando Volvos plateados. A ver si el ocupante de alguno de ellos me sorprende gratamente. Y como decía otro mensaje de algún foro, a mí también me mata Edward y sus "forever, forever, forever..." (Sólo un vampiro te amará para siempre).
En fin, me da pena que haya terminado la saga. Ahora sólo queda esperar a Midnight Sun y conocer el punto de vista de este hombre perfecto (imitando a un conocido anuncio, pon un Edward Cullen perfecto en este mundo imperfecto). Y dejo ya mi locura. Hacía bastante que no escribía, y como lo único que me viene a la cabeza ahora es este hombre...
Bite me, Edward. You know you want to...