miércoles, 9 de diciembre de 2009
Fiesta de sexto
Creo recordar, aunque puede ser que no fuera así, que la primera que vi fue también un viernes 27 de noviembre, pero de 2004. Y lo que más me gustó fue “La Canción del Pequeño Estudiante y sus Prácticas”. La letra no la recuerdo entera, pero sé con qué música iba y fragmentos de la letra. Me encantó.
Desde entonces y hasta ahora he visto pasar, por delante de mis ojos y mis oídos, cuatro fiestas más, cinco, con la que he referido. Y durante todas y cada una de ellas siempre pensaba: "Un día estaré ahí, arriba, en el escenario del profesor, cantando a voz en grito y pasando un pogüerpoin con nuestras fotos". Ese día llegó.
Se hizo de rogar, tardó en llegar, pero llegó. Me levanté temprano, me reuní con mis compañeros, me coloqué mi súper camiseta amarilla, símbolo de nuestra promoción, la bata de médico y un lazo amarillo en la cabeza. Nos fuimos a cantar, a saltar, a pasarlo bien... por fin, estaba ahí arriba, cantando. Por fin, era MI DÍA, era MI FIESTA DE SEXTO.
Se pasó enseguida. Cuando me quise dar cuenta, ya había terminado el desayuno (aunque al final me quedé sin desayunar) y estábamos subiéndonos en coche para volver a casa. Se había acabado.
Tanto tiempo esperando a que llegara este momento y se pasó así, sin más, rápidamente. Como todo lo que se ansía en esta vida, como todo lo que esperamos que pase, que acaba pasando muy deprisa. Ya no habrá otra.
martes, 17 de noviembre de 2009
Ensayos
En primer lugar, me molesta ir a clase por la tarde. Me parte el día, y se me pasa la semana sin estudiar, siento que no hago nada y que el tiempo pasa... Pero, bueno, me gusta ir a clase y conseguir mis propios apuntes, así que he ido.
En segundo lugar, me molesta quedarme para la organización del día F (F de fiesta, ojo), porque siento que pierdo el tiempo. Pero en el fondo del fondo del fondo, muy muy muy muy al fondo de alguna parte de mi cabecita rara, me gusta enredarme en esas cosas. Y me he quedado.
En tercer lugar, debo aclarar que entre nosotros, los compañeros (a veces) de la clase, es imposible hablar. IM-PO-SI-BLE. Sólo se discute o se pegan voces o se hacen con el cotarro los cuatro de siempre.
En cuarto lugar, aunque al principio me ha hecho gracia, al final estaba hasta el mismísimo y más arriba, porque es insoportable la que se lía para hacer algo.
Pero me he quedado. Ahora tengo mucha sed. Yo creo que el día F, en vez de Anís del Mono (yo le regalaba botellas a mi abuelo por su cumpleaños, y era el regalo que más agradecía y más le gustaba de todos) voy a llevarme una botella de agua, porque si no, no aguanto. Y puedo concluir, y concluyo, que hay gente que lo vive. Lo vive intensamente. La fiesta y todo eso, quiero decir. Lo vive, lo vive. A veces pienso cómo sería yo si fuera así.
Ahora voy a soñar con los tambores y la lanza. Sin poder evitarlo. Porque mi rara cabecita se queda con imágenes que luego no olvida. Siempre tuve buena memoria visual, audiovisual.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Dos caras distintas
La he oído esta noche y parecía escrita para mí, dirigida a mí. Me he sentido descrita de una manera tan exacta...
Tiene dos caras distintas, no sé cuál debo mirar.
Tiene dos vidas distintas, no sabe cuál emplear y cuál quiere ocultar.
Tiene un problema de prisa, lo que quiere lo quiere ya.
Tiene un problema de vista, no ve dónde está el principio y el final.
Sin pasar del lado oscuro del mal al lado de, al lado de la soledad.
Tiene palabras que hielan, que ella sabe emplear.
Tiene palabras que llegan al fondo de mi extraña soledad.
Sin mirar la luz se suele apagar al lado de, al lado de la oscuridad.
Y en cada sonrisa tiene su rencor por alguna razón,
y siempre olvida todo lo que soy, y cada minuto que le doy.
Tiene dos caras distintas, no sé cuál debo mirar,
tiene dos vidas distintas, no sabe cuál emplear y cuál quiere ocultar.
Dos caras distintas...
Como yo. Como todos.
jueves, 22 de octubre de 2009
La última
Ya no habrá más, ayer fue la última. La última fiesta de bienvenida de la residencia. Ya no bajaré a las 20.30 a misa, no leeré mi famosa entrada, no subiré a cenar de forma especial y no veré a más novatas bailar y cantar esas pedazo de canciones del año catapún. Me dieron ganas de llorar con la Salve Rociera del final. Ya no volveré a escuchar al coro rociero. Se acabó.
Estoy triste. Sigo teniendo ganas de llorar. Y me revienta pensar que, a pesar de lo mucho que quiero salir de aquí ya, de proclamar a los cuatro vientos que quiero acabar de una vez por todas, me da pena que se acabe. Se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que pienso que ayer fue mi última cena de apertura del curso en la residencia.