miércoles, 13 de enero de 2010
El tiempo en Navidad
ACTO PRIMERO
(Se abre el telón. Aparece una mesa de estudio, desordenada, llena de folios, libros, bolígrafos y subrayadores fluorescentes. Detrás de la mesa hay una chica sentada, estudiando. Tiene a su derecha un teléfono móvil de la Edad de Piedra. Tiene el pelo recogido, aunque le caen algunos mechones por la cara. Todo está en silencio.
De pronto, se oye la sintonía de la serie “Futurama” en versión cutre para móvil viejo. La chica levanta los ojos del folio, coge el móvil con cara de pocos amigos y lee el mensaje de texto que acaba de recibir en voz alta, para sí misma).
MINI.- “¡Hola! ¿Sabes qué? ¡Está nevando! Hemos hecho fotos para que lo veas. ¡Una buena nevada! J y G han salido a hacer muñecos de nieve. ¡Te encantaría! Besos.”
(Sonríe. Responde al mensaje que acaba de recibir. Se oye el sonido de las teclas, pip, pip, y va diciendo lo que escribe en voz alta).
MINI.- “A ver si cuando yo vaya sigue nevando. Siempre que voy nunca nieva. Besos.”
(Deja el móvil en la mesa y sigue estudiando. Se apagan las luces).
ACTO SEGUNDO
(El escenario ha cambiado. Ahora, la mesa de estudio es la mesa del salón de una casa. A su alrededor hay cuatro sillas. Está llena de platos y vasos vacíos, como cuando se ha terminado de comer. MINI está con su familia, que fue quien le mandó el mensaje de móvil a su alrededor. Sentados con ella, están EL PADRE, LA MADRE y EL HERMANO MAYOR).
EL PADRE.- ¡Vaya vacaciones llevamos! No ha dejado de llover ni un solo día.
MINI.- Lo dije, en cuanto llegara yo, dejaría de nevar.
EL HERMANO MAYOR.- ¡Con lo que disfrutarías tú con J y G jugando en la nieve!
MINI.- Ya, pero nunca nieva. Y a mí me gusta eso: que nieve, que haga frío, que me caiga una rasca que no pueda soportar... Me voy a ir a Canadá, a la parte francófona, en cuanto trabaje y junte un par de sueldos.
EL PADRE.- Sois tontos. ¿Os gusta esto? ¿De verdad? No hay nada como el sol, el calor... Este clima es una mierda.
EL HERMANO MAYOR.- ¿Y para qué quieres ir tú a Canadá? ¿No prefieres ir a Cádiz?
MINI.- Para ver un concierto de Bruno Pelletier. Por lo menos uno en mi vida. Y ya que estoy allí, otro de Garou.
LA MADRE.- (Seria, y sin mirar a ninguno a la cara, se levanta y empieza a recoger la mesa) El tiempo. La mejor conversación cuando no se tiene nada que decir. ¿No tenéis nada que contar?
(Todos bajan la vista. Se hace el silencio. Es un silencio incómodo. MINI no dice nada y mira a LA MADRE).
LA MADRE.- Está bien. Yo tampoco tengo nada que decir. Y tú, Mini, deja de decir estupideces y vete a recoger la cocina.
(MINI sale, sin decir nada. Salen después EL PADRE, EL HERMANO MAYOR y LA MADRE).
ACTO TERCERO
(No aparece la mesa sobre el escenario. Está vacío. Sólo aparecen MINI y EL HERMANO MAYOR con una maleta, una mochila y un bolso. A su alrededor, otras personas con sus respectivos equipajes. Todos van muy abrigados):
EL HERMANO MAYOR.- ¡Al final has visto nevar!
MINI.- (Sonríe con tristeza) Justo el último día, ahora que me tengo que ir.
EL HERMANO MAYOR.- (Restándole importancia) ¡Bah! A ver si sale el tren que es lo que interesa. ¡Mira! Por ahí viene ya. (Abraza a MINI) Ten cuidado y estudia mucho.
MINI.- (Con voz triste) Vale.
(Sale MINI. EL HERMANO MAYOR agita la mano, diciéndole adiós. Tras unos minutos, sale EL HERMANO MAYOR).
ACTO CUARTO
(Aparece otra vez la mesa de estudio. MINI está sentada estudiando. Reina el mismo caos de folios, libros, bolígrafos y subrayadores fluorescentes. Encima de esa mesa está el mismo móvil de la Edad de Piedra. Se oye la sintonía de la serie “Futurama” en versión cutre para móvil viejo. Lee en voz alta el mensaje que acaba de recibir).
MINI.- (Con voz monótona, aburrida) “Aquí llueve. Hemos visto en El Tiempo que allí también va a llover mañana. Abrígate. Ten cuidado. Ya no nieva. Besos.”
(Deja el móvil sobre la mesa. Suspira. No responde al mensaje)
MINI.- (En voz alta, para sí) Estupendo... No pensé que se me pasaría tan pronto la depresión postvacacional. Ni siquiera han preguntado qué tal estoy... (Suspira)
(Vuelve la vista al folio. Se van apagando las luces. Todo queda oscuro.
Cae el telón)
FIN
viernes, 8 de enero de 2010
Domingos por la tarde
Los Reyes Magos se han portado muy bien conmigo. Eso es porque saben que no soy mala del todo. Pero lo que yo pedí era otra cosa, y espero que, como no soy del todo mala (podría y debería ser peor) me la traigan: un buen febrero y un mejor junio.
"Sabes que no hay nada más triste que un domingo por la tarde".Es cierto. Nunca me han gustado. Son... tristes, depresivos. Como este domingo que va a llegar dentro de un día. Es un domingo por la tarde muy triste. Ays, sufro depresión post-vacacional. Espero que se me pase pronto. La frase está en la imagen que cierra el blog, que es de la película "El Fantasma de la Ópera", versión 2004, el musical. Voy a verla. Cuando estoy triste, me encanta ver películas y escuchar música tristes. De verdad.
P.D.: Como es la primera entrada de 2010, Feliz Año a todos y a todas los y las que se pasen por aquí :)
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Fiesta de sexto
Creo recordar, aunque puede ser que no fuera así, que la primera que vi fue también un viernes 27 de noviembre, pero de 2004. Y lo que más me gustó fue “La Canción del Pequeño Estudiante y sus Prácticas”. La letra no la recuerdo entera, pero sé con qué música iba y fragmentos de la letra. Me encantó.
Desde entonces y hasta ahora he visto pasar, por delante de mis ojos y mis oídos, cuatro fiestas más, cinco, con la que he referido. Y durante todas y cada una de ellas siempre pensaba: "Un día estaré ahí, arriba, en el escenario del profesor, cantando a voz en grito y pasando un pogüerpoin con nuestras fotos". Ese día llegó.
Se hizo de rogar, tardó en llegar, pero llegó. Me levanté temprano, me reuní con mis compañeros, me coloqué mi súper camiseta amarilla, símbolo de nuestra promoción, la bata de médico y un lazo amarillo en la cabeza. Nos fuimos a cantar, a saltar, a pasarlo bien... por fin, estaba ahí arriba, cantando. Por fin, era MI DÍA, era MI FIESTA DE SEXTO.
Se pasó enseguida. Cuando me quise dar cuenta, ya había terminado el desayuno (aunque al final me quedé sin desayunar) y estábamos subiéndonos en coche para volver a casa. Se había acabado.
Tanto tiempo esperando a que llegara este momento y se pasó así, sin más, rápidamente. Como todo lo que se ansía en esta vida, como todo lo que esperamos que pase, que acaba pasando muy deprisa. Ya no habrá otra.
martes, 17 de noviembre de 2009
Ensayos
En primer lugar, me molesta ir a clase por la tarde. Me parte el día, y se me pasa la semana sin estudiar, siento que no hago nada y que el tiempo pasa... Pero, bueno, me gusta ir a clase y conseguir mis propios apuntes, así que he ido.
En segundo lugar, me molesta quedarme para la organización del día F (F de fiesta, ojo), porque siento que pierdo el tiempo. Pero en el fondo del fondo del fondo, muy muy muy muy al fondo de alguna parte de mi cabecita rara, me gusta enredarme en esas cosas. Y me he quedado.
En tercer lugar, debo aclarar que entre nosotros, los compañeros (a veces) de la clase, es imposible hablar. IM-PO-SI-BLE. Sólo se discute o se pegan voces o se hacen con el cotarro los cuatro de siempre.
En cuarto lugar, aunque al principio me ha hecho gracia, al final estaba hasta el mismísimo y más arriba, porque es insoportable la que se lía para hacer algo.
Pero me he quedado. Ahora tengo mucha sed. Yo creo que el día F, en vez de Anís del Mono (yo le regalaba botellas a mi abuelo por su cumpleaños, y era el regalo que más agradecía y más le gustaba de todos) voy a llevarme una botella de agua, porque si no, no aguanto. Y puedo concluir, y concluyo, que hay gente que lo vive. Lo vive intensamente. La fiesta y todo eso, quiero decir. Lo vive, lo vive. A veces pienso cómo sería yo si fuera así.
Ahora voy a soñar con los tambores y la lanza. Sin poder evitarlo. Porque mi rara cabecita se queda con imágenes que luego no olvida. Siempre tuve buena memoria visual, audiovisual.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Dos caras distintas
La he oído esta noche y parecía escrita para mí, dirigida a mí. Me he sentido descrita de una manera tan exacta...
Tiene dos caras distintas, no sé cuál debo mirar.
Tiene dos vidas distintas, no sabe cuál emplear y cuál quiere ocultar.
Tiene un problema de prisa, lo que quiere lo quiere ya.
Tiene un problema de vista, no ve dónde está el principio y el final.
Sin pasar del lado oscuro del mal al lado de, al lado de la soledad.
Tiene palabras que hielan, que ella sabe emplear.
Tiene palabras que llegan al fondo de mi extraña soledad.
Sin mirar la luz se suele apagar al lado de, al lado de la oscuridad.
Y en cada sonrisa tiene su rencor por alguna razón,
y siempre olvida todo lo que soy, y cada minuto que le doy.
Tiene dos caras distintas, no sé cuál debo mirar,
tiene dos vidas distintas, no sabe cuál emplear y cuál quiere ocultar.
Dos caras distintas...
Como yo. Como todos.