No puedo evitarlo, en verano, lo abandono todo, hasta este blog, desaparezco...
...me gustaría reaparecer contando historias maravillosas de mis vacaciones, como las que le pasan a ese tío del anuncio de cierta marca de cerveza de cancioncita pegadiza que al principio hace gracia y luego ya aburre... lo poco gusta y lo mucho cansa...
...pero no, nunca me pasa nada interesante. Vaya mierda de veranos.
Hoy es uno de esos días en los que todo me parece una mierda.
domingo, 30 de agosto de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
El momento cajas
Sólo pensar en el momento cajas hace que mi frágil corazoncito se acelere y que me invada una pereza terrible. Llega una vez al año, entre el 1 y el 4 de julio, y cada año es completamente diferente. Este año, fue el día 2 de julio. Pero ha habido más.
PRIMER MOMENTO CAJAS.- Si no recuerdo mal, debió caer el 1 de julio de 2005. Realmente, no hubo cajas, sino bolsas de basura, en las que guardé todas mis pertenencias que adornan y dan vida a mi pequeña habitación de estudiante, porque no sabía cómo guardarlas. No salió bien del todo, y algunas bolsas acabé guardándolas en cajas. Fue una ET (Experiencia Traumática) en toda regla.
SEGUNDO MOMENTO CAJAS.- El 3 de julio de 2006. Después de cenar, por la noche, salí a robar cajas (creo recordar que acompañada) a la calle central comercial, y encontré 5 cajas maravillosas en las que entraba yo misma sin necesidad de encogerme (soy tamaño mini). Las cargué bien cargadas con todo lo que tenían, y pesaban tanto, tanto, que tuve que esperar a que al día siguiente llegara mi padre a recogerme y las bajara él al sótano. Mi hermano mayor también vino a colaborar; no ha vuelto a venir a buscarme cuando acabo el curso.
TERCER MOMENTO CAJAS.- El 2 de julio de 2007. Maravillada porque no me habían tirado mis fantásticas y gigantescas 5 cajas las volví a llenar con todo lo que tenía; básicamente, todo lo del año anterior y algo (mucho) más. No sé de dónde saco tantos trastos ni cómo consigo meterlos en mi habitación. Mi padre volvió a bajarlas, pero mi madre me dijo: “Esto ya es mucho trabajo, tu padre ya no puede”. Pues yo creo que las bajó todas sin quejarse. Pero este comentario se guardó en mi subconsciente.
CUARTO MOMENTO CAJAS.- El 4 de julio de 2008. Es el más divertido. Seguía conservando mis magníficas cajas, pero estaba preocupada por si mi padre quedaba aplastado por una de esas cajas si se le llegaba a caer encima, porque ya no podía, y con una compañera y amiga de la residencia volvimos a robar cajas a la calle antes citada. Las encontramos de dimensiones perfectas, porque si las llenábamos, nosotras podíamos cargar con ellas y así yo misma las bajaría al sótano, sin necesidad de explotar a mi padre. Lo gracioso es que cuando las llevamos a la residencia, la directora nos dijo que las bajáramos al sótano, que si las dejábamos en el pasillo al lado de nuestra puerta hacían feo, y las bajamos, porque no somos malas, y se nos pasó ponerles nombre. Al día siguiente, mi compañera y amiga me contó que las había repartido entre compañeras que necesitaban cajas (“En el sótano hay”; ya, pero eran nuestras y nos vio con ellas la noche anterior); así que, como no somos malas, insisto, fuimos a buscar más. Me sentí completamente idiota y muy muy muy muy enfadada. Pero bueno, no pude hacer nada y llené mis nuevas cajitas. Las bajé solita al sótano, me sentí feliz y realizada, y mi padre y mi madre se quedaron taaaaaaaan asombrados cuando llegaron y lo vieron todo recogido, que lloraron de la emoción y todo (dramatización del efecto).
QUINTO MOMENTO CAJAS.- El 2 de julio de 2009. Me habían guardado mis cajitas, no se las habían dado a nadie, y ya sabía qué iba en cada una. Recogí rápido. Volví a buscar cajas para lo que quería llevarme a casa, y fue muy muy divertida la búsqueda y captura de las mismas. Aunque había poca oferta. Las volví a bajar y mis padres volvieron a ponerse muy contentos. Estupendo. Todos contentos.
El 4 de julio es mi cumpleaños (Nacido el 4 de julio, como la película de Tom Cruise) y por eso las prisas en recoger y volver a casa, para celebrarlo allí. Echo de menos los dos primeros momentos cajas, en los que me sorprendían mis compañeras y amigas cantándome el cumpleaños feliz, regalándome esprite (Sprite) y lluvias de confeti en el pasillo mientras yo hacía mis cajas. El próximo año será el último momento cajas, y tendré que tirar un montón de cosas, porque todo eso no cabe en casa; será totalmente diferente. Y sé que vendrán más momentos de “pequeñas mudanzas”, porque empezaré una nueva etapa, y luego otra, y así hasta que encuentre un lugar en el que instalarme definitivamente y, así (espero), dejaré de hacer cajas... algún día.
martes, 30 de junio de 2009
Ha llegado... el momento...
Como cada año por estas fechas, ha llegado el momento...
¡El momento cajas!
Una experiencia que parece idéntica todos los años, y sin embargo,
cada año es completamente diferente, sorprendente, única...
Nunca sé cómo va a ser...
(Continuará...)
jueves, 21 de mayo de 2009
Suerte... y hasta siempre
He tenido un flash-back. A las nueve y media de esta mañana, más o menos. Estaba en clase con el Dr. S y, de pronto, como en las películas, me he vuelto a ver en primero, cuando, en su primera clase, intentaba copiar a toda velocidad las tablas que colocaba en el proyector. Era inútil. No me daba tiempo. En primero andaba yo obsesionada por coger todo, absolutamente todo lo que cada profesor explicaba en sus clases. Hasta que me dí cuenta de que dejaba los apuntes de sus tablas.
Este profesor me acompañó en primero, en segundo, en tercero y me ha dejado hoy en quinto. Hoy ha sido su última clase para y con nosotros. No he copiado como una loca, ya sé que deja sus tablas (harán historia y tendrán fama esas tablas entre nosotros todos sus estudiantes). Y cuando ha acabado se ha despedido de nosotros con un discurso, creo, premeditado.
Lo que más me ha gustado de todo (ha citado a Unamuno) ha sido el final: nos desea lo mejor, nos desea felicidad en nuestra vida profesional (cabeza y corazón) y en nuestra vida personal y afectiva, y nos desea, sobre todo, lo fundamental para conseguir todo lo anterior, y si no fundamental, al menos, sí muy importante: SUERTE.
Sé que no tengo lágrimas en los ojos, pero llevo llorando desde las diez de esta mañana, cuando, después de toda la carrera con él ha salido por la puerta diciendo : “Suerte, y hasta siempre”. Muchas gracias, Dr. S.
Este profesor me acompañó en primero, en segundo, en tercero y me ha dejado hoy en quinto. Hoy ha sido su última clase para y con nosotros. No he copiado como una loca, ya sé que deja sus tablas (harán historia y tendrán fama esas tablas entre nosotros todos sus estudiantes). Y cuando ha acabado se ha despedido de nosotros con un discurso, creo, premeditado.
Lo que más me ha gustado de todo (ha citado a Unamuno) ha sido el final: nos desea lo mejor, nos desea felicidad en nuestra vida profesional (cabeza y corazón) y en nuestra vida personal y afectiva, y nos desea, sobre todo, lo fundamental para conseguir todo lo anterior, y si no fundamental, al menos, sí muy importante: SUERTE.
Sé que no tengo lágrimas en los ojos, pero llevo llorando desde las diez de esta mañana, cuando, después de toda la carrera con él ha salido por la puerta diciendo : “Suerte, y hasta siempre”. Muchas gracias, Dr. S.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Under pressure
Esta noche me ha costado dormirme. ¿Y sabes de lo que me he acordado hasta que he cogido el sueño? De mi primer examen de Historia. ¿Tú te acuerdas?
Andaba yo por 2º de la ESO y era el primer año que tenía Historia en el instituto, porque en 1º se daba Geografía. Ésa la odiaba un poco menos; con Historia sí que no podía, no era capaz. El profesor, Don M., ya daba mala espina y me odió desde el principio. Recuerdo su costumbre de obligarnos a escribir los ejercicios “los enunciados en azul y las respuestas en rojo, a bolígrafo”. Sí, en rojo. Y recuerdo perfectamente cómo quedé traumatizada por la fecha de la caída del Imperio Romano, la única que recuerdo después de haber tenido Historia en 3º de la ESO y 2º de Bachillerato. El Imperio Romano cayó el 476 d. C., por si tú no caes ahora.
En el primer examen de Historia de Don M. entraban dos temas (ahora me río yo de aquel examen), que eran Egipto y Mesopotamia (o Mesopotamia y Egipto, que no recuerdo ahora cuál fue primero en el tiempo). Aquella tarde, papá y mi hermano se habían ido al Jani a ver un partido de fútbol, un Madrid-Barça, para ser exactos. Él no tenía ningún examen, qué afortunado. Volverían tarde.
A la hora de la cena, sobre las nueve de la noche o algo así, tiré el libro al suelo, y dando alaridos, expresé la presión que sentía en ese momento: “¡No puedo! ¡No soy capaz! ¡No se me queda en la cabeza, no me acuerdo de nada, no soy capaz de contestar nada!” Tú recogiste el libro del suelo. Era de la editorial Editex, creo recordar; bien feo, en definitiva. Incitaba a todo (a romperlo, a quemarlo) menos a estudiarlo. Me miraste en silencio. No sé si no dabas crédito a que hubiera tirado el libro o que pensabas que era idiota o que no entendías del todo a santo de qué venía esa pataleta a esas alturas de mi vida. El caso es que no te enfadaste (siempre envidiaré tu paciencia) sino que cogiste unos folios y me dijiste: “Voy a enseñarte a estudiar. Y a fijar las cosas. Yo estudiaba por esquemas”. Cogiste el boli rojo de mi estuche (sí, el rojo) e hiciste un esquema del primer tema. A mí se me hacía poco, porque en el libro ponía mucho más, pero me dijiste que el esquema resumía lo más importante y que el relleno me vendría solo a la memoria, sin problema. Hice yo el esquema del segundo tema, y luego, calmada, me puse a estudiarlos. Me dieron las once de la noche estudiando. En 2º de la ESO esa hora era para mí muuuuuuuuuuy tarde. Papá y mi hermano no habían vuelto, y te pedí por favor que no le dijeras nada a papá. Me mandaste a dormir y me deseaste suerte para el día siguiente.
Hice el examen muy feliz, porque sabía contestar a todo. Don M., cuando dijo las notas de toda la clase (jamás nos enseñó ningún examen) y llegó a mí, clavándome los ojos desde detrás de sus gafas, me dijo: “Bien”. Me dí por contenta, pero mi compañero de mesa, Y. (ése que siempre decía que teníamos un partido de tenis pendiente, ¿a que sabes quién es?) me aclaró: “No pienses que es un bien de 6, es un 10 lo que tienes. Pero nunca te lo va a decir”. Le sonreí, no sabía qué decirle.
En el último examen de Historia de aquel año, como yo siempre llego a junio agotada (como tantos otros), Don M. me miró y me dijo: “Este último ha sido decepcionante” (me dio un vuelco el corazón, me quedé más pálida de lo que soy normalmente y pensé que había suspendido). “Un nueve”. ¿Te acuerdas de lo que nos reímos cuando te lo conté? Un nueve le parecía poca cosa. En fin. Don M., genio y figura hasta la sepultura, qué puedo decir. Pero gracias a eso, desde entonces y hasta ahora, los esquemas me funcionan, y con frecuencia, los hago con boli rojo.
Tenía yo un CD de Queen que compré por 995 pesetas de uno de esos cajones de ofertas que ponen los hipermercados a veces. Luego lo perdí. Más tardé lo encontré. Venía en ese CD el tema Under Pressure, que para mí reflejaba el estudiar bajo presión el día antes del examen con el fin de aprobar a toda costa. Lo llevaba todo al día (quizá no en Historia), pero repasarlo todo me suponía un esfuerzo tremendo. Casi nunca recordaba los primeros temas. Aquella vez las once de la noche me pareció muy tarde. En 3º, 4º de la ESO y cursos posteriores me dieron horas más tardías. Me dieron las 3, las 4, las 5 y las 6 de la mañana, y un día, con un examen de Historia (pero ya no de Don M.) no dormí, fui a clase zombi, solté lo que sabía, aprobé con un 9,75 y me volví a casa a vegetar. Me dijiste: “Hala, ya has visto amanecer estudiando. Yo también lo vi varias veces. Y esta ha sido la primera, pero no la última vez que te pillará el toro y verás amanecer delante de un libro”.
Me conoces como si me hubieras parido, mamá. Estuve under pressure muchas veces, y todas esas veces, tú estabas por ahí. Me bajaba a estudiar a la cocina (siempre he estado muy cómoda ahí) y tú te quedabas en la sala, al lado. A veces te dormías en el sillón, sobre todo cuando sobrepasaba las 3 de la madrugada. A veces resistías porque te enganchabas a alguna película (mi cinefilia viene de ti). Pero siempre, siempre, estabas ahí. Siempre sentía tu apoyo. Venías a verme de vez en cuando, me recomendabas echarme agua fría en la cara para espabilarme (no sirve para nada, te he pillado, pero yo metía hasta la cabeza debajo del grifo pensando que era cierto y me espabilaba; sin duda, todo está en la cabeza), me decías “¡Venga, dos temas más en la próxima media hora! Si ya te lo sabes, pesada, sólo estás repasando”. Era lo que era gracias a ti. Otras veces irrumpía yo en la sala y te rogaba que me preguntaras algo, lo que fuera; cogías el libro, me preguntabas, me escuchabas, me corregías y asentías cuando todo iba bien dicho. Sentía apoyo.
Pensé que había perdido esas pequeñas cosas que tanto me ayudaban al venirme aquí. Pero todavía se te ocurre, de vez en cuando, llamarme en febrero a las dos de la mañana, hablando muy bajito por el móvil porque todos duermen, para preguntarme qué tal va Quirúrgica, si queda mucho, si va bien, que sepa que tú estás por ahí, viendo por enésima vez Gladiator, y yo te digo que estoy acabando, que me queda como mucho media hora; y vuelves a llamar media hora más tarde y me dices que así se hace, que muy bien, que duerma, que siga al día siguiente; o a veces llamas a las doce, o doce y media, y me pides que lo deje, que vaya a dormir ya, que mañana no voy a ser capaz de levantarme para entrar a clase a las ocho, que el día ya ha dado de sí todo lo que tenía que dar y que, como decía Escarlata, mañana será otro día. Y haces que me ponga a recordar cosas como este examen de Historia, tiempo ha, en noches de insomnio como la de ayer.
Ahora mismo termino de escribir esto y me pongo a estudiar un rato. Te lo garantizo. Gracias por estar ahí, sin más. Que hoy día eso se va perdiendo. No necesito muestras de devoción ni pancartas de apoyo. Sólo saber que estás (que estáis) al otro lado. Sin eso, pierdo bastante. Por cierto, ¿sabes qué suena ahora mismo en mi mp4? Queen. No te asombres... this is ourselves... under pressure.
Andaba yo por 2º de la ESO y era el primer año que tenía Historia en el instituto, porque en 1º se daba Geografía. Ésa la odiaba un poco menos; con Historia sí que no podía, no era capaz. El profesor, Don M., ya daba mala espina y me odió desde el principio. Recuerdo su costumbre de obligarnos a escribir los ejercicios “los enunciados en azul y las respuestas en rojo, a bolígrafo”. Sí, en rojo. Y recuerdo perfectamente cómo quedé traumatizada por la fecha de la caída del Imperio Romano, la única que recuerdo después de haber tenido Historia en 3º de la ESO y 2º de Bachillerato. El Imperio Romano cayó el 476 d. C., por si tú no caes ahora.
En el primer examen de Historia de Don M. entraban dos temas (ahora me río yo de aquel examen), que eran Egipto y Mesopotamia (o Mesopotamia y Egipto, que no recuerdo ahora cuál fue primero en el tiempo). Aquella tarde, papá y mi hermano se habían ido al Jani a ver un partido de fútbol, un Madrid-Barça, para ser exactos. Él no tenía ningún examen, qué afortunado. Volverían tarde.
A la hora de la cena, sobre las nueve de la noche o algo así, tiré el libro al suelo, y dando alaridos, expresé la presión que sentía en ese momento: “¡No puedo! ¡No soy capaz! ¡No se me queda en la cabeza, no me acuerdo de nada, no soy capaz de contestar nada!” Tú recogiste el libro del suelo. Era de la editorial Editex, creo recordar; bien feo, en definitiva. Incitaba a todo (a romperlo, a quemarlo) menos a estudiarlo. Me miraste en silencio. No sé si no dabas crédito a que hubiera tirado el libro o que pensabas que era idiota o que no entendías del todo a santo de qué venía esa pataleta a esas alturas de mi vida. El caso es que no te enfadaste (siempre envidiaré tu paciencia) sino que cogiste unos folios y me dijiste: “Voy a enseñarte a estudiar. Y a fijar las cosas. Yo estudiaba por esquemas”. Cogiste el boli rojo de mi estuche (sí, el rojo) e hiciste un esquema del primer tema. A mí se me hacía poco, porque en el libro ponía mucho más, pero me dijiste que el esquema resumía lo más importante y que el relleno me vendría solo a la memoria, sin problema. Hice yo el esquema del segundo tema, y luego, calmada, me puse a estudiarlos. Me dieron las once de la noche estudiando. En 2º de la ESO esa hora era para mí muuuuuuuuuuy tarde. Papá y mi hermano no habían vuelto, y te pedí por favor que no le dijeras nada a papá. Me mandaste a dormir y me deseaste suerte para el día siguiente.
Hice el examen muy feliz, porque sabía contestar a todo. Don M., cuando dijo las notas de toda la clase (jamás nos enseñó ningún examen) y llegó a mí, clavándome los ojos desde detrás de sus gafas, me dijo: “Bien”. Me dí por contenta, pero mi compañero de mesa, Y. (ése que siempre decía que teníamos un partido de tenis pendiente, ¿a que sabes quién es?) me aclaró: “No pienses que es un bien de 6, es un 10 lo que tienes. Pero nunca te lo va a decir”. Le sonreí, no sabía qué decirle.
En el último examen de Historia de aquel año, como yo siempre llego a junio agotada (como tantos otros), Don M. me miró y me dijo: “Este último ha sido decepcionante” (me dio un vuelco el corazón, me quedé más pálida de lo que soy normalmente y pensé que había suspendido). “Un nueve”. ¿Te acuerdas de lo que nos reímos cuando te lo conté? Un nueve le parecía poca cosa. En fin. Don M., genio y figura hasta la sepultura, qué puedo decir. Pero gracias a eso, desde entonces y hasta ahora, los esquemas me funcionan, y con frecuencia, los hago con boli rojo.
Tenía yo un CD de Queen que compré por 995 pesetas de uno de esos cajones de ofertas que ponen los hipermercados a veces. Luego lo perdí. Más tardé lo encontré. Venía en ese CD el tema Under Pressure, que para mí reflejaba el estudiar bajo presión el día antes del examen con el fin de aprobar a toda costa. Lo llevaba todo al día (quizá no en Historia), pero repasarlo todo me suponía un esfuerzo tremendo. Casi nunca recordaba los primeros temas. Aquella vez las once de la noche me pareció muy tarde. En 3º, 4º de la ESO y cursos posteriores me dieron horas más tardías. Me dieron las 3, las 4, las 5 y las 6 de la mañana, y un día, con un examen de Historia (pero ya no de Don M.) no dormí, fui a clase zombi, solté lo que sabía, aprobé con un 9,75 y me volví a casa a vegetar. Me dijiste: “Hala, ya has visto amanecer estudiando. Yo también lo vi varias veces. Y esta ha sido la primera, pero no la última vez que te pillará el toro y verás amanecer delante de un libro”.
Me conoces como si me hubieras parido, mamá. Estuve under pressure muchas veces, y todas esas veces, tú estabas por ahí. Me bajaba a estudiar a la cocina (siempre he estado muy cómoda ahí) y tú te quedabas en la sala, al lado. A veces te dormías en el sillón, sobre todo cuando sobrepasaba las 3 de la madrugada. A veces resistías porque te enganchabas a alguna película (mi cinefilia viene de ti). Pero siempre, siempre, estabas ahí. Siempre sentía tu apoyo. Venías a verme de vez en cuando, me recomendabas echarme agua fría en la cara para espabilarme (no sirve para nada, te he pillado, pero yo metía hasta la cabeza debajo del grifo pensando que era cierto y me espabilaba; sin duda, todo está en la cabeza), me decías “¡Venga, dos temas más en la próxima media hora! Si ya te lo sabes, pesada, sólo estás repasando”. Era lo que era gracias a ti. Otras veces irrumpía yo en la sala y te rogaba que me preguntaras algo, lo que fuera; cogías el libro, me preguntabas, me escuchabas, me corregías y asentías cuando todo iba bien dicho. Sentía apoyo.
Pensé que había perdido esas pequeñas cosas que tanto me ayudaban al venirme aquí. Pero todavía se te ocurre, de vez en cuando, llamarme en febrero a las dos de la mañana, hablando muy bajito por el móvil porque todos duermen, para preguntarme qué tal va Quirúrgica, si queda mucho, si va bien, que sepa que tú estás por ahí, viendo por enésima vez Gladiator, y yo te digo que estoy acabando, que me queda como mucho media hora; y vuelves a llamar media hora más tarde y me dices que así se hace, que muy bien, que duerma, que siga al día siguiente; o a veces llamas a las doce, o doce y media, y me pides que lo deje, que vaya a dormir ya, que mañana no voy a ser capaz de levantarme para entrar a clase a las ocho, que el día ya ha dado de sí todo lo que tenía que dar y que, como decía Escarlata, mañana será otro día. Y haces que me ponga a recordar cosas como este examen de Historia, tiempo ha, en noches de insomnio como la de ayer.
Ahora mismo termino de escribir esto y me pongo a estudiar un rato. Te lo garantizo. Gracias por estar ahí, sin más. Que hoy día eso se va perdiendo. No necesito muestras de devoción ni pancartas de apoyo. Sólo saber que estás (que estáis) al otro lado. Sin eso, pierdo bastante. Por cierto, ¿sabes qué suena ahora mismo en mi mp4? Queen. No te asombres... this is ourselves... under pressure.
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