La verdad es que iba a escribir sobre otro tema, pero quiero darle un enfoque distinto y aún estoy perfilando la idea en mi cabeza, ahora que cuento con la autorización de la otra persona implicada en ese tema. Pero lo de esta mañana al ir a la facultad necesita, no,no, qué digo, SE MERECE un puesto de honor y ser relatado ahora mismo. Aunque la otra idea no se hará esperar.
De las cosas más raras que he visto en mi vida... bueno, raras, no, son cosas a las que no estoy acostumbrada, así que, de ahora en adelante, serán cosas poco vistas. Reformulo: de las cosas más poco vistas que he visto en mi vida me ha llamado la atención la fantástica idea de alguna mente superior de vallar el recinto que rodea a la facultad de Medicina. La cosa poco vista tiene su lógica: la idea original consistía en delimitar el área de aparcamiento de la facultad con el fin de que fuera casi exclusivamente para alumnos/as y profesorado (supongo) y que los asistentes al hospital no lo aprovecharan, evitando así problemas de aparcamiento. Puesta en práctica la idea ha consistido en establecer tres puertas metálicas para regular el paso de los coches, que se hace realidad mediante unas llaves magnéticas que se consiguen, por parte del alumno, abonando una fianza de 20 euros que será devuelta cuando termine el curso (supongo que te devuelven los 20 euros si devuelves la llave intacta y no la has perdido, porque si la devuelves en el estado en que yo tengo el bonobús, te van a devolver las gracias, pero supongo que la gente que tenga las llaves de acceso es más responsable y cuidadosa que yo). Bien. Hasta aquí parece bien. La idea de "delimitación del espacio de aparcamiento" se completa poniendo una valla metálica que une esas puertas de acceso a los coches, que cierra por completo el ya citado aparcamiento.
¿Y las personitas humanas, los/las alumnos/as que van andando, o en autobús, o en canoa, o en patines, o en piragua por el río, que carecen de coche y o u carné de conducir? Pues muy fácil. Han colocado UNA puerta en toda la valla. ¿Y cuál es el problema? Hasta hoy, ninguno. Pero después de hoy, tengo varios problemas con esa puerta.
La puerta está situada en una zona de la valla que comprende una zona de acera, y, por lo general, siempre está abierta. Menos hoy. La conserja nos ha pedido perdón y todo, y lo entiendo, yo a las ocho menos diez de la mañana tampoco soy persona (sólo empiezo a serlo a partir de las once y diez) y un fallo lo tiene cualquiera. Lo que me ha parecido curioso ha sido tener que esperar. Para entrar a clase. Durante la espera se me han ocurrido varias soluciones de película para entrar: he pedido una horquilla con el fin de abrir el candado y la puerta (como en las películas) y erigirme en la nueva salvadora de los estudiantes (como en las películas). También se me ha ocurrido saltar la valla (como en las películas). Pero he tenido poco éxito. Las soluciones peliculeras no funcionan ante esa puerta.
El segundo problema es que he perdido el autobús. Pues haber corrido, ¿no? Pues no. Porque ya no puedo correr en línea recta a por el autobús, porque si lo hago, me empotro contra la valla y acabo en el hospital (dramatización del efecto). Ahora tengo que ir en dirección oblicua, salir por la única puerta existente (insisto, sólo una, que, afortunadamente, estaba abierta), cruzar dos pasos de cebra y llegar a la parada. Y mientras hacía todo eso se fue el autobús. Y hay que esperar, con suerte, unos quince minutos, con mala suerte, media hora, y, en ese tiempo, llego antes andando.
Creo que las cosas más poco vistas del mundo se hallan aquí, en la facultad. Hasta ahora, no he visto ese sistema de vallado en ninguna otra facultad del mismo campus o de otro. Es curioso, simplemente, y cabreante, cuando sales a las dos o a las tres de la tarde buscando un autobús desesperadamente.
Y lo más importante: si después de las clases vuelves a la una del mediodía, tras las prácticas, y buscas aparcamiento... ¡no hay! ¡Seguimos teniendo el mismo problema!
martes, 21 de octubre de 2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
Automatrícula
Cuando tenía 14 años, me fui a Port Aventura, con mi prima, mi hermano y mis tíos. Mi tío tiene pánico a una simple noria de feria, y se ofreció como voluntario para guardar mochilas y demás enseres mientras los demás nos paséabamos de atracción en atracción por todo el parque. Mi tía, mi prima y mi hermano carecen de ese pánico a las alturas y a los giros, y me arrastraron literalmente hasta la famosa montaña rusa llamada Dragon Kahn, cuyo nombre (que ni siquiera sé si está bien escrito) ya impone. Desde pequeñita he tenido dos cosas: un corazoncito frágil y un instinto de supervivencia muy desarrollado, y, en aquel momento, ambas cosas me gritaron que no debía subir a aquella montaña rusa. Después de esperar en la cola casi una hora, llegó el momento en que nos tocaría subir a los cuatro, y mi instinto de supervivencia me hizo dar media vuelta con la clara intención de abandonar la cola y dejar las emociones fuertes para otros. Pero mi tía me sujetó por un brazo y me dijo:"¿Adónde vas?", a lo que mi instinto de supervivencia respondió con seguridad: "No voy a montar en ese chisme mortal". Mi tía se empezó a reír: "Venga ya, después de la cola que hemos soportado. Además, ÉSTA ES UNA EXPERIENCIA QUE TIENES QUE VIVIR, AL MENOS, UNA VEZ EN LA VIDA".
Y la viví, ya lo creo que la viví. Aún no encuentro explicación sobre cómo mi frágil coranzoncito superó aquella experiencia vital, aunque desde aquel día, cuando leo libros de terror o similares, comprendo a la perfección las expresiones "enmudeció, presa del pánico" y "se quedó lívida, presa del pánico". Jamás me he vuelto a reír de mi tío y de su incapacidad de subirse a una noria, al contrario, valoro su instinto de supervivencia, que es muy superior al mío. Cuando aquel trasto infernal se detuvo, y mis pies pisaron suelo firme, me tiré al mismo, empecé a gritar y lo besé. Mi prima y hermano se dieron otra vuelta en la montañita, a lo largo del día, pero yo no quise repetir; ya había vivido la experiencia una vez y no me han quedado ganas de repetirla.
Desde entonces hasta ahora (y ha pasado mucho tiempo) mi tía (y no sólo ella) me ha repetido esa frase en otras ocasiones. Y hace poco la pensé yo misma, cuando me enteré (yo nunca me entero de nada, y cuando me entero, generalmente, ya suele ser tarde para todo y para cualquier cosa) de que este año la matrícula en la facultad era realmente una automatrícula.
Los chismes electrónicos y nuevas tecnologías me odian, como ya dejé demostrado en anteriores posts, y mi hermano me ha prohibido acercarme a su ordenador salvo causa justificada, así que, cuando me fui a hacerla, fui concienciándome por el camino de que me saldría mal, mi ordenador se rompería, me cogería las asignaturas que no fueran y quedaría como una completa idiota (aunque ya he quedado así en varias ocasiones).
Afortunadamente, en el tren, coincidí con un amigo (curioso, sin saber que iba, elegí el mismo vagón; azar puro y duro) y se me pasó un poco la tontería. Como este año sería la novedad, seguro que nadie sabía tampoco automatricularse y yo no parecería tan tonta.
Cuando llegué por fin a la sala, el señor automatriculador (nombre inventado por mí misma, patente en curso) nos dijo que en el escritorio del ordenador había un icono que ponía "Automatrícula", que le diéramos y ya salía solo. Cierto es, salía solo, y afortunadamente me sé mi pinweb y demás datos de nombre extrañísimo de memoria, de tanto usarlos, supongo, pero cierto es, también, que tuve que recurrir al automatriculador varias veces, que no encontré las asignaturas de las que debía matricularme hasta que el automatriculador me las puso en pantalla, que estuve a punto de meter la pata en una ocasión cuando el automatriculador ya había dado las instrucciones (y juro y perjuro que estuve atenta a las mismas), y afortunadamente, creo que todo salió bien y que estoy automatriculada.
Ahora puedo permitirme dármelas de chula y decir que no fue taaaaaaaaaan difícil. Y que el año que viene sabré hacerlo yo solita. Pero mejor me callo. La automatrícula era una experiencia que tenía que vivir, y no será sólo una vez en la vida. Ah, y que este año el curso empiece antes que cualquier otro año también es una experiencia que tenía que vivir. Y las que me queden, al menos una vez en la vida.
Y la viví, ya lo creo que la viví. Aún no encuentro explicación sobre cómo mi frágil coranzoncito superó aquella experiencia vital, aunque desde aquel día, cuando leo libros de terror o similares, comprendo a la perfección las expresiones "enmudeció, presa del pánico" y "se quedó lívida, presa del pánico". Jamás me he vuelto a reír de mi tío y de su incapacidad de subirse a una noria, al contrario, valoro su instinto de supervivencia, que es muy superior al mío. Cuando aquel trasto infernal se detuvo, y mis pies pisaron suelo firme, me tiré al mismo, empecé a gritar y lo besé. Mi prima y hermano se dieron otra vuelta en la montañita, a lo largo del día, pero yo no quise repetir; ya había vivido la experiencia una vez y no me han quedado ganas de repetirla.
Desde entonces hasta ahora (y ha pasado mucho tiempo) mi tía (y no sólo ella) me ha repetido esa frase en otras ocasiones. Y hace poco la pensé yo misma, cuando me enteré (yo nunca me entero de nada, y cuando me entero, generalmente, ya suele ser tarde para todo y para cualquier cosa) de que este año la matrícula en la facultad era realmente una automatrícula.
Los chismes electrónicos y nuevas tecnologías me odian, como ya dejé demostrado en anteriores posts, y mi hermano me ha prohibido acercarme a su ordenador salvo causa justificada, así que, cuando me fui a hacerla, fui concienciándome por el camino de que me saldría mal, mi ordenador se rompería, me cogería las asignaturas que no fueran y quedaría como una completa idiota (aunque ya he quedado así en varias ocasiones).
Afortunadamente, en el tren, coincidí con un amigo (curioso, sin saber que iba, elegí el mismo vagón; azar puro y duro) y se me pasó un poco la tontería. Como este año sería la novedad, seguro que nadie sabía tampoco automatricularse y yo no parecería tan tonta.
Cuando llegué por fin a la sala, el señor automatriculador (nombre inventado por mí misma, patente en curso) nos dijo que en el escritorio del ordenador había un icono que ponía "Automatrícula", que le diéramos y ya salía solo. Cierto es, salía solo, y afortunadamente me sé mi pinweb y demás datos de nombre extrañísimo de memoria, de tanto usarlos, supongo, pero cierto es, también, que tuve que recurrir al automatriculador varias veces, que no encontré las asignaturas de las que debía matricularme hasta que el automatriculador me las puso en pantalla, que estuve a punto de meter la pata en una ocasión cuando el automatriculador ya había dado las instrucciones (y juro y perjuro que estuve atenta a las mismas), y afortunadamente, creo que todo salió bien y que estoy automatriculada.
Ahora puedo permitirme dármelas de chula y decir que no fue taaaaaaaaaan difícil. Y que el año que viene sabré hacerlo yo solita. Pero mejor me callo. La automatrícula era una experiencia que tenía que vivir, y no será sólo una vez en la vida. Ah, y que este año el curso empiece antes que cualquier otro año también es una experiencia que tenía que vivir. Y las que me queden, al menos una vez en la vida.
jueves, 14 de agosto de 2008
Platónicamente enamorada de Edward Cullen, forever, forever, forever...
NO QUIERO AL PRÍNCIPE AZUL EN SU CORCEL BLANCO. QUIERO A EDWARD CULLEN EN SU VOLVO PLATEADO.
La frase no es mía, la leí en un foro dedicado a la fantástica saga de Stephenie Meyer. Pero es tan acertada... No he podido esperar a que el último libro, Breaking Dawn (en español, Amanecer), salga en español, y he acabado leyéndolo en inglés o traducido en algunas webs. Gracias a la fantástica web crepusculo-es.com, he encontrado un foro donde discutir sobre el libro. Y parece ser que a mucha gente no le ha gustado... pues a mí sí. Me encanta. Sólo hay un aspecto del libro que no me convence, pero por lo demás, me gusta. Y me ha vuelto a pasar: no puedo dejar de soñar con Edward Cullen.
Representante perfecto de la caballerosidad, adorablemente borde, irresistiblemente sexy, absolutamente encantador... Inalcanzable pero tiernamente humano, me encanta su evolución a lo largo de los cuatro libros y me parece el hombre perfecto. Lástima que la vida real sea distinta... Es, lamentablemente, un personaje de ficción, y además creado por una mente femenina, luego a ojos de toda fémina resulta muy atractivo. Y lástima que en la vida real no existan "Bellas", porque si eres torpe, inocente, tímida, reservada, callada... resultas de todo menos sexy, y en vez de encontrar a un Edward que te adore por ser como eres te encuentras a algún que otro desgraciado que se ríe (y hasta te enumera los mismos) de tus "defectos", que intenta a toda costa aprovecharse de ti y que, al contrario que Edward, que es respetuoso y paciente, sólo tiene un objetivo claro y bien delimitado que quiere conseguir sea como sea... Cada vez que me acuerdo me dan ganas de darme de hostias por ser tan estúpida y haberme dejado engañar de esa manera. Espero que no vuelva a pasarme. Voy a dedicarme a buscar a mi Edward Cullen personal... de momento voy buscando Volvos plateados. A ver si el ocupante de alguno de ellos me sorprende gratamente. Y como decía otro mensaje de algún foro, a mí también me mata Edward y sus "forever, forever, forever..." (Sólo un vampiro te amará para siempre).
En fin, me da pena que haya terminado la saga. Ahora sólo queda esperar a Midnight Sun y conocer el punto de vista de este hombre perfecto (imitando a un conocido anuncio, pon un Edward Cullen perfecto en este mundo imperfecto). Y dejo ya mi locura. Hacía bastante que no escribía, y como lo único que me viene a la cabeza ahora es este hombre...
Bite me, Edward. You know you want to...
La frase no es mía, la leí en un foro dedicado a la fantástica saga de Stephenie Meyer. Pero es tan acertada... No he podido esperar a que el último libro, Breaking Dawn (en español, Amanecer), salga en español, y he acabado leyéndolo en inglés o traducido en algunas webs. Gracias a la fantástica web crepusculo-es.com, he encontrado un foro donde discutir sobre el libro. Y parece ser que a mucha gente no le ha gustado... pues a mí sí. Me encanta. Sólo hay un aspecto del libro que no me convence, pero por lo demás, me gusta. Y me ha vuelto a pasar: no puedo dejar de soñar con Edward Cullen.
Representante perfecto de la caballerosidad, adorablemente borde, irresistiblemente sexy, absolutamente encantador... Inalcanzable pero tiernamente humano, me encanta su evolución a lo largo de los cuatro libros y me parece el hombre perfecto. Lástima que la vida real sea distinta... Es, lamentablemente, un personaje de ficción, y además creado por una mente femenina, luego a ojos de toda fémina resulta muy atractivo. Y lástima que en la vida real no existan "Bellas", porque si eres torpe, inocente, tímida, reservada, callada... resultas de todo menos sexy, y en vez de encontrar a un Edward que te adore por ser como eres te encuentras a algún que otro desgraciado que se ríe (y hasta te enumera los mismos) de tus "defectos", que intenta a toda costa aprovecharse de ti y que, al contrario que Edward, que es respetuoso y paciente, sólo tiene un objetivo claro y bien delimitado que quiere conseguir sea como sea... Cada vez que me acuerdo me dan ganas de darme de hostias por ser tan estúpida y haberme dejado engañar de esa manera. Espero que no vuelva a pasarme. Voy a dedicarme a buscar a mi Edward Cullen personal... de momento voy buscando Volvos plateados. A ver si el ocupante de alguno de ellos me sorprende gratamente. Y como decía otro mensaje de algún foro, a mí también me mata Edward y sus "forever, forever, forever..." (Sólo un vampiro te amará para siempre).
En fin, me da pena que haya terminado la saga. Ahora sólo queda esperar a Midnight Sun y conocer el punto de vista de este hombre perfecto (imitando a un conocido anuncio, pon un Edward Cullen perfecto en este mundo imperfecto). Y dejo ya mi locura. Hacía bastante que no escribía, y como lo único que me viene a la cabeza ahora es este hombre...
Bite me, Edward. You know you want to...
domingo, 13 de julio de 2008
Breve cronología del descubrimiento de un autor asombroso
2004.- Es el año en que descubro la obra de José Carlos Somoza, porque es el momento en que Mj me lo recomienda (me recomienda la lectura de La ventana pintada, cuando se da cuenta de mi pasión por el cine, y asegura que me va a encantar). (Y así fue).
2004-2008.- Son los años que dedico a devorar la obra del autor; sólo me faltan aquellos que no están en la biblioteca, Cartas de un asesino insignificante y La caja de marfil; y el último que ha publicado, que no lo encuentro en la biblioteca).
2008.- Verano. Acabo de terminar la lectura de La caverna de las ideas. Metaliteratura. La novela es impresionante. Podría desgranarla y lucirme contando el final; porque soy una de esas personas a las que no sólo no les molesta que le cuenten el final de libros y películas, sino que, además, no me importa compartir los finales de libros y películas que conozco, he leído o he visto, con los demás. Así que voy a resistir la tentación y no voy a dar ningún dato sobre la novela. A quien le interese, que la disfrute. Pero voy a dejar un par de reflexiones profundas que me han llamado la atención, de la misma manera que hice con un fragmento de La ventana pintada en otro post de este blog. La verdad es que, inicialmente, iba a incluirlas (las reflexiones) en "Frases célbres", pero como hace mucho que no escribo y estoy un poco depresiva (insisto, diciclotímica; ¿por qué no puedo superar la palabra que usaste para describirme?) he pensado hacer un post con dos de las frases que más me han llamado la atención del libro.
La primera: "Escribir es extraño, amigo mío: en mi opinión, la primera actividad más extraña y terrible que un hombre puede realizar - y añadió, regresando a su económica sonrisa -: Leer es la segunda". He pasado un buen rato pensando en esto. Extrañas actividades, es posible, de hecho, sólo las realizan unos pocos/as; terribles, desde luego. El poder de las palabras (escritas, leídas) es infinito. Bien usadas son más peligrosas que cualquier espada afilada (parafraseando una cita de El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, cuando Fernando se dispone a escribir y uno de los hombres que le observa piensa que esas palabras pueden causar más daño que cualquier acción física malintencionada).
La segunda: "-¡Ah, la literatura!... - dijo -. ¡Leer no es pensar a solas, amigo mío: leer es dialogar! Pero el diálogo de la lectura es un diálogo platónico: tu interlocutor es una idea. Sin embargo, no es una idea inmutable: al dialogar con ella, la modificas, la haces tuya, llegas a creer en si existencia independiente..." [...] Casi no tengo palabras... siempre he pensado que al leer, no estaba sola; que los libros me acompañaban, me avivaban la imaginación, me animaban a pensar, a mimetizarme con el/la protagonista y a vivir sus aventuras... Me aíslo por completo cuando leo (esto mismo me ocurre ante una película o una obra de teatro). Pero lo de no pensar a solas, sino dialogar, como definición de la lectura me ha dejado helada. Es una idea para darle vueltas.
Y así llevo desde que acabé la lectura de este libro. A mi parecer magnífico. Es lo que causa el verano en mí: aunque tengo muuuuuuuuuuuucho que hacer, necesito tiempo para leer, desconectar y olvidarme, sumida en ese diálogo con una idea, de lo que me espera.
2004-2008.- Son los años que dedico a devorar la obra del autor; sólo me faltan aquellos que no están en la biblioteca, Cartas de un asesino insignificante y La caja de marfil; y el último que ha publicado, que no lo encuentro en la biblioteca).
2008.- Verano. Acabo de terminar la lectura de La caverna de las ideas. Metaliteratura. La novela es impresionante. Podría desgranarla y lucirme contando el final; porque soy una de esas personas a las que no sólo no les molesta que le cuenten el final de libros y películas, sino que, además, no me importa compartir los finales de libros y películas que conozco, he leído o he visto, con los demás. Así que voy a resistir la tentación y no voy a dar ningún dato sobre la novela. A quien le interese, que la disfrute. Pero voy a dejar un par de reflexiones profundas que me han llamado la atención, de la misma manera que hice con un fragmento de La ventana pintada en otro post de este blog. La verdad es que, inicialmente, iba a incluirlas (las reflexiones) en "Frases célbres", pero como hace mucho que no escribo y estoy un poco depresiva (insisto, diciclotímica; ¿por qué no puedo superar la palabra que usaste para describirme?) he pensado hacer un post con dos de las frases que más me han llamado la atención del libro.
La primera: "Escribir es extraño, amigo mío: en mi opinión, la primera actividad más extraña y terrible que un hombre puede realizar - y añadió, regresando a su económica sonrisa -: Leer es la segunda". He pasado un buen rato pensando en esto. Extrañas actividades, es posible, de hecho, sólo las realizan unos pocos/as; terribles, desde luego. El poder de las palabras (escritas, leídas) es infinito. Bien usadas son más peligrosas que cualquier espada afilada (parafraseando una cita de El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, cuando Fernando se dispone a escribir y uno de los hombres que le observa piensa que esas palabras pueden causar más daño que cualquier acción física malintencionada).
La segunda: "-¡Ah, la literatura!... - dijo -. ¡Leer no es pensar a solas, amigo mío: leer es dialogar! Pero el diálogo de la lectura es un diálogo platónico: tu interlocutor es una idea. Sin embargo, no es una idea inmutable: al dialogar con ella, la modificas, la haces tuya, llegas a creer en si existencia independiente..." [...] Casi no tengo palabras... siempre he pensado que al leer, no estaba sola; que los libros me acompañaban, me avivaban la imaginación, me animaban a pensar, a mimetizarme con el/la protagonista y a vivir sus aventuras... Me aíslo por completo cuando leo (esto mismo me ocurre ante una película o una obra de teatro). Pero lo de no pensar a solas, sino dialogar, como definición de la lectura me ha dejado helada. Es una idea para darle vueltas.
Y así llevo desde que acabé la lectura de este libro. A mi parecer magnífico. Es lo que causa el verano en mí: aunque tengo muuuuuuuuuuuucho que hacer, necesito tiempo para leer, desconectar y olvidarme, sumida en ese diálogo con una idea, de lo que me espera.
lunes, 7 de julio de 2008
¿Descansando?
Se supone que estoy de vacaciones, pero la verdad es que no puedo parar. No me convence la vida de universitaria. O no me la he sabido organizar correctamente. Porque tengo que hacer un montón de créditos de libre elección (vaya sistema de estudio) y he recurrido a los cursos de verano, renunciando a dos semanas de mi pseudodescanso. Yaaaaaa, vaaaaaaaale, no es para taaaaaaaanto, dos semaaaaaaanas, qué vaga sooooooooooooooy, pero es que necesito dormir, un rato, no hacer estos cursos nada más terminar las clases, sino más adelante, a finales de julio, o en agosto... Pero es que sigo madrugando, y perdiendo el tiempo, porque los cursos que me convienen no tienen nada que ver con mi carrera... Menos mal que con mi regalo de cumpleaños se me pueden hacer más llevadero.
Porque acabo de cumplir añitos, los dos patitos, y me alegra que sea en verano, porque no tengo que ir a clase... excepto ahora, que siendo universitaria, o tengo un examen, o un curso para que me den créditos. Qué carrera más laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargaaaaaaaaaaaaaa (pero bonita, eso sí). Lo que falla es el sistema de créditos. Otro día lo pongo a parir, que ya no tengo tiempo. ¡Y enhorabuena a María, oleoleoleole!
Porque acabo de cumplir añitos, los dos patitos, y me alegra que sea en verano, porque no tengo que ir a clase... excepto ahora, que siendo universitaria, o tengo un examen, o un curso para que me den créditos. Qué carrera más laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargaaaaaaaaaaaaaa (pero bonita, eso sí). Lo que falla es el sistema de créditos. Otro día lo pongo a parir, que ya no tengo tiempo. ¡Y enhorabuena a María, oleoleoleole!
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