miércoles, 11 de junio de 2008

Oda a mi bibliotecario

No sé qué me pasa este mes de junio que no logro salir de mi estado grogui. No he hecho más que empezar y parece que llevo una eternidad. No puedo más, y me queda mucho por hacer. En febrero, me comía el mundo, tenía ganas de trabajar, me licué el cerebro para sacarlo adelante y lo conseguí. Pero este junio es diferente. Y después de darle unas (pocas) vueltas al coco, he llegado a la conclusión de que mi (aparente) falta de concentración se debe a la falta de mi bibliotecario. Explico: soy fan fan fan fan súper fan de la Biblioteca Pública de Badajoz, porque lo tiene todo: está cerca de mi lugar de residencia, es grande, es cálida en invierno y se está bien en verano, es luminosa, llena de libros (obviamente), tiene buenas mesas de trabajo (a veces se quedan cortas) y abre los fines de semana en horario ampliado (lo mejor, sin duda). Y me caen bien los bibliotecarios que en ella habitan. Este año había uno nuevo, joven... en fin, uno más a mi lista (interminable) de amores platónicos, que nunca antes había visto... Estuvo acompañando (sin que él se diera cuenta) mi estudio todo este año, hasta que se marchó, hace unos meses... Seguramente, estaría de prácticas o algo así, y ahora espero que lo contraten en serio.
Cuando yo estudiaba para febrero, y me agobiaba, levantaba la vista de los libros y la relajaba... Pero ahora ya no puedo relajarla y creo firmemente que la ausencia de mi bibliotecario es una (entre otras muchas) de las causas de mi estado... grogui total... ay... nunca olvidaré el día que me buscó un libro de poesía... ay... qué recuerdos... Ahora se me hace muy lejano... Ay, bibliotecario mío... qué junio más largo... qué agotamiento... qué cansancio... qué pena no poder relajar la mirada... en fin... espero acabar bien y de una pieza... seguiré estudiando en la biblioteca...

jueves, 29 de mayo de 2008

Diciclotímica total

Dado que la RAE no recoge dicho palabro, daré por hecho que es un neologismo de creación propia que empleaste para describirme en un momento de ira, rabia y tensión que ahora hago mío y empleo a mi antojo para describir mi (voluble) estado de ánimo. Entendamos, pues, por diciclotímica, aquella personita que pasa de un estado anímico a otro, sin motivo aparente y por sorpresa, volviendo locos/as a todos/as aquellos/as que la rodean.
Diciclotímica perdida estoy. Desde ayer. Aun a riesgo de cometer el mismo error dos veces, voy a hacerlo. Voy a despedirme de ti a través del blog. Y a explicar que mi estado se debe a la alegría que me da que hayas terminado, y a la tristeza que me da que te hayas ido. Que te lo mereces, sin duda, porque te lo has ganado, pero que, siendo egoísta, me entristece, porque me quedo aquí, sin tenerte cerca, sin nuestras voces y cantos, sin nuestras chorradas. Aunque sé que siempre estarás cerca de mí, no obstante. Ya sabes que te voy a echar mucho de menos. Espero que te des por aludida.
Ésa es la primera parte de mi estado. Lo segundo viene porque ayer era pseudofeliz como un regaliz y ahora me siento idiota verdadera; no pseudoidiota, no, me siento imbécil perdida. De los productores de "La idiota que nunca elimina" hoy presentamos "La idiota", a secas, que es más general y hace referencia a su persona completa. No se puede ser más tonta que yo, ni cometer tal error.
Aunque ahora que lo pienso, debería describir mi estado como triciclotímica. Y es que no tengo dos estados (alegre-triste), es que tengo tres: alegre, triste y cafeínica. Porque tanto en exámenes (que ya hemos empezado con mal pie) como en mi estado habitual de idiotez necesito una mínima dosis de cafeína para espabilarme un poco. Lo malo es que cuando me paso, y hago burradas y mezclas explosivas que ya quisieran para sí muchos barmans alcanzo un estado de nerviosismo y tontería sobrehumana. Me pongo de tal forma que de ese estado no puede salir nada bueno. Luego pasa lo que pasa.
En fin. Alegre pero triste. Cansada pero con mucho trabajo que hacer. Con ánimo pero con miedo. Cafeínica pero con sueño. Queriendo ir a casa pero sin ganas de meter en la maleta tochos infumables (el Pera, por ejemplo, entre otros muuuuuuuuuuuuchos). Sin querer perder el tiempo pero perdiéndolo constantemente, y sin hacer nada por evitarlo. Diciclotímica. Triciclotímica.

lunes, 12 de mayo de 2008

Belle, del musical Notre Dame de Paris

Garou es el cantante que da vida a Quasimodo, ¡me encanta! Es súper tierno.
A disfrutarla.

martes, 6 de mayo de 2008

El síndrome japo

Lo necesitaba. Por fin me he librado de todo. Lo necesitaba. Falta me hacía. Lo necesitaba. Nunca más volveré a hacerlo, lo prometo. En cuanto sienta que lo necesite, hablaré. Gracias. Eres mi mejor psicóloga, y ahora que sé que entiendes qué es un blog (aunque no sé si lo leerás, a pesar de que entras en el mundo de la high-technology poco a poco y cada vez más) me dirijo a ti, para que sepas que es a ti, si lo llegas a leer. Y felicidades (te llegaron por adelantado, no te quejes).
Llevo todo el puente dándoos la barrila con dos cosas: mis libros del vampirito, como han quedado rebautizados entre nosotros los libros de Stephenie Meyer; gracias, Reyes Magos, por el mejor de los regalos) y con la cámara de fotos. Por si no tuvisteis suficiente en la graduación, espero que hayáis quedado contentos con la que dí el día de la madre. Porque lo padezco, lo sé.
El término "el síndrome japo" fue acuñado hace unos años, por mi genialidad y originalidad, aunque poco después fue copiado descaradamente por mi hermano sin pagar derechos de autor y para emplearlo refiriéndose a mí.
Siempre me ha gustado hacer fotos. Y he hecho pósters maravillosos con fotos, a mi parecer (y al de mi padre, aunque dudosamente objetivo), eran preciosas. Y las he hecho con la cámara del año de la polca, con su carrete, allá donde he ido (Toledo, divertidísima excursión y preciosa ciudad; la acampada, que no salió; el teatro griego en Segóbriga, no sé si lo he escrito correctamente, y mi foto con el actor principal de la comedia; con mi prima en Viso del Marqués, paradisíaco lugar, al menos para nosotras, viajeras con bajo presupuesto y la piscina del Valle y la niña rara de la misma, nunca sabremos si nos perseguía o no; en Barcelona, y esa subida al Dragon Kahn que casi me paraliza el corazón y tras la cual me tiré al suelo, porque no podía creer que hubiera sobrevivido...). En fin, cada foto me reactiva los recuerdos y sé perfectamente la historia que va ligada a ella.
A ti no te gustan las fotos. Te da pena verlas. Si son pasadas, te ves más joven, y a nosotros como tus niños, y te pones triste. No lo hagas; siempre seremos tus niños. Las más recientes, como las de este puente y precedentes, ya con la nueva cámara digital, tampoco te gustan. Las comparas con las pasadas y ahora te ves mayor. Qué tontería. Con lo fotogénica que eres cuando las admites y posas como debe ser. No entiendes mi pasión por fotografiarlo todo.
He leído, en la ida y venida en el tren, Los amores difíciles, de Italo Calvino. Mucho, mucho, la verdad, no me ha gustado; pero como una vez que empiezo algo debo acabarlo, y como no puedo vivir sin saber los finales, lo terminé. Enterito. El libro está formado por varios relatos sobre lo difíciles que resultan las relaciones hombre-mujer, y cómo, pudiendo enamorarse en unas condiciones que lo propician, no lo hacen. En uno de esos relatos, "La aventura de un fotógrafo", he encontrado una opinión que me ha llamado la atención. Es ésta:
"Porque una vez que has empezado - predicaba- no hay razón alguna para detenerse. El paso entre la realidad que ha de ser fotografiada porque nos parece bella y la realidad que nos parece bella porque ha sido fotografiada, es brevísimo. [...] Basta empezar a decir de algo: "¡Ah, qué bonito, habría que fotografiarlo!" y ya estás en el terreno de quien piensa que todo lo que no se fotografía se pierde, es como si no hubiera existido, y por lo tanto para vivir verdaderamente hay que fotografiar todo lo que se pueda, y para fotografiarlo todo es preciso o bien vivir de la manera más fotografiable posible, o bien considerar fotografiable cada momento de la propia vida. La primera vía lleva a la estupidez, la segunda a la locura."
Ahí queda eso. En mi afán por fotografiarlo todo, yo, que sufro el síndrome japo... ¿voy a acabar de alguna de las dos maneras? Y si pienso que mi vida es cine, como hacía José Carlos Somoza en La ventana pintada, y considero que mi vida es cine porque puedo narrarla, y al narrarla cualquier persona que la oiga puede visualizarla como si de una película se tratara; ¿hacia dónde me dirijo? ¿A la estupidez o a la locura?

martes, 29 de abril de 2008

La fête des fous - Bruno Pelletier dans le rôle de Gringoire (Notre Dame de Paris)

La fête des fous!
La fête des fous!

La fête des fous!
La fête des fous!

Laissez-moi présider
Cette fête des Fous
Comme on en fait chez nous
Où l'on sait s'amuser

La fête des fous!
La fête des fous!

Choisissez le plus laid
Parmi les gens qui passent
Faites-les parader
Au milieu de la place

De toute la populace
Celui qui nous fera
La plus belle grimace
C'est lui qu'on élira

Le Pape des fous!
Le Pape des fous!
C'est lui qu'on élira
C'est lui qu'on élira
Le Pape des fous

La...
Fête...
Des...
Fous...

La fête des fous
La fête des fous

La fête des fous
La fête des fous

La fête des fous
La fête des fous

Mais qui est celui-là
Qui se cache là-bas?
Ce monstre n'est-il pas
Celui qu'on élira?

Le Pape des fous!
Le Pape des fous!

C'est lui qu'on élira
C'est lui qu'on élira

Le Pape des fous

C'est le sonneur de cloches
Avec sa bosse au dos
C'est bien lui le plus moche
C'est le Quasimodo

Voilà en plus qu'il lorgne
La pauvre Esmeralda
Bossu, boiteux et borgne
C'est lui qu'on élira

Le Pape des fous!
Le Pape des fous!

C'est lui qu'on élira!
C'est lui qu'on élira

Qua-si-mo-do!

C'est lui qu'on élira!
C'est lui qu'on élira

Le Pape des Fous!

C'est lui qu'on élira!
C'est lui qu'on élira

Qua-si-mo-do!

Le Pape des Fous!



Ma chanson preferée! De la comédie musicale Notre Dame de Paris. Bruno Pelleiter, le meilleur Gringoire.
Soyez bienvenues à la fête des fous! Choisissez moi, je me sens comme le pauvre Quasimodo... J'aime aussi Garou dans le rôle de Quasimodo... sa tendresse, je l'aime aussi!